«Sentencian que llamar borracho al marido no es una injuria» si es eso cierto ¿puedo menospreciar a alguien insultándolo si digo la verdad?

Siguiendo con el análisis de
noticias sobre sentencias curiosas que me cruzo por delante, a principios de
este mes, leí una noticia (http://www.laopiniondemurcia.es/comunidad/2011/09/01/sentencian-llamar-borracho-marido-injuria/347548.html)
que titulaba tal que así: “Sentencian que llamar borracho al marido no es una injuria si es
verdad”, añadiendo que ”llamar «borracho» al marido no constituye una injuria
siempre que dicho calificativo se corresponda con la realidad”
Según dice la noticia, parece que fuera totalmente legal, menospreciar
a alguien aplicando el “criterio de la sinceridad”. Así, por ejemplo, nos podríamos
burlar del que ha sufrido una infidelidad llamándole “cuernudo”, ya que lo que
estamos diciendo es verdad. Sin embargo, entiendo que esa no es la posición correcta.
Relata la noticia que, en el transcurso de una discusión
de pareja, la mujer, que se encontraba en tramites de separación de su marido, llamó
a su esposo “borracho” ya que éste había vuelto bebido a casa, viniendo el insulto de la mujer motivado por “el estado de alteración que le provocó el marido
cuando se hallaba en tal situación”.
De acuerdo con la noticia, se le acusaba a
la mujer por un delito de injurias, que se define en el artículo 208 del Código
Penal, y que consiste en «la acción o expresión que lesiona la dignidad de otra persona, menoscabando su fama o atentando contra su propia estimación”. 
Para que condenar a alguien por un delito o
falta de injurias, hay que demostrar que quien realiza la manifestación que
supone una injuria tiene la intención de menoscabar la dignidad o
a perjudicar la fama, o al menos, en actuar en la conciencia de que se hace así.
Y eso es lo que parece que en el caso relatado no ocurre.
La sentencia considera que no hay
un delito de injurias cometido por la mujer sobre su marido ya que “las expresiones que en
ocasiones le ha dirigido a su marido, llamándole borracho, carecen de
relevancia penal, al responder a un estado de alteración que le provoca cuando
se halla en tal situación”; la sentencia parece argumentar que, dado que la
mujer llamó “borracho” a su marido durante una discusión, tal insulto vino
motivado por el nerviosismo o exaltación de la disputa y no por querer
perjudicar la dignidad o la fama de éste, de ahí que se considere que no hay un
delito de injurias.
Resulta indiferente si cuando se
insulta a una persona, lo que se está diciendo sea cierto o no, lo relevante
para considerar que hay un delito o falta de injurias será que lo que se diga a
alguien sea capaz de atentar contra su dignidad o fama, y no la veracidad de lo dicho.